Los 90

David Ponce

No hay peor momento en el mundo y en la historia que los 80 en Chile.

Cristián Araya

Los 80 en Chile fueron muy terribles y a los que le gusta esa época son hueones, porque no tienen idea de lo que pasó en este país. Una hueá más fome que la puta. Muy, muy malo.

Felipe Bianchi

Allá por los 80, la falta de contacto con el exterior nos tenía algo mareados. Estar afuera del circuito internacional de recitales, no recibir las suficientes revistas extranjeras especializadas, escuchar radios arterioescleróticas con voces de ultratumba, estaba generando un daño cerebral permanente… aunque nos costara darnos cuenta.

No teníamos cómo defendernos y contrarrestar a los malos programadores de radio, a los productores de “grandes estelares” de TV (que trataron de convencernos de que Manolo Galván, Paloma San Basilio y Pablo Abraira eran lo mejor de lo mejor) y a una suma de tipos que, aunque no tenían idea de rock, se ganaban la vida presentando videos. Para qué decir los recitales: pagábamos lo que fuera por ver actuar en vivo a gente tan excitante como Sandra Mihanovic.

Aparte, las condiciones políticas pesaban. Aunque uno no estuviera metido en “el cuento”, la oferta artístico-cultural, producto de la censura o el adormecimiento generalizado, había puesto la entretención nocturna a la altura de una convivencia de curso con guitarreo. Entre resabios del toque de queda, pocos cines con su programación al día, cuatro o cinco bares en toda la ciudad, escasas librerías y teatros, casi ninguna discoteca y restaurantes cerrando a las 10 y media, daban ganas de llorar

Bianchi, Felipe. “Recuerdos de los años ochentas. ¿Cómo caímos tan bajo?” Zona de Contacto, (168): p. 6, agosto de 1994.

Gonzalo González

En los 80 no había información. No por razones tan políticas, sino que Chile tampoco estaba tan conectado y tan globalizado. Quizás sí por razones políticas había un bloqueo general del mundo hacia Chile. No quería venir ninguna banda del mundo a tocar. The Police vino a leer un mensaje político. No había una razón muy lógica pa’ que viniera entre dos discos súper importantes, “Zenyatta Mondatta” o “Reggatta de Blanc”. En esa época vinieron a Chile, al Festival de Viña. Una rareza absoluta.

Claudio ‘Ilock’s’ Labbé

The Police tenía algo de reggae blanco que me paró los pelos y me dio escalofríos. Cuando vinieron al Festival de Viña me pasó que entendí tan bien esa música, que la sentí como mía de inmediato. Incluso en La Pincoya todavía me dicen “Police” por todo lo que transmití con ellos. ¡Si incluso rayé paredes con su nombre! Desde ese instante empecé a soñar con armar una banda.

Arratia, Felipe. “Lo que no te mata, te fortalece” Extravaganza!, (44): p. 11, julio de 1998.

Mauricio Melo

Nosotros crecimos con Pinochet, cuando lo único que se escuchaba eran Los Huasos Quincheros.

García, Marisol. “Santos Dumont: Nos interesa dar que hablar con la calidad del disco” Extravaganza!. (23): p. 9, agosto de 1995

Gonzalo González

Yo me hice cargo de la radio del colegio cuando iba como en octavo. En los recreos ponía música, lo que estaba pasando en esa época. Estamos hablando del año ’84, ’83: Michael Jackson recién salido de Jackson 5, Duran Duran, Gary Newman, Devo, B-52’s, The Clash, Buzzcocks, toda esa onda. Yo vivía en Gran Avenida. Ahí estaba todo muy centrado en una era muy post-punk, new wave. No era Genesis, no era Rush, no era Cat Stevens.

En esa época vivir en San Miguel era como vivir en Paine ahora. Yo vivía en La Cisterna en realidad. Era otro mundo. El metro llegaba hasta el paradero 18 de la Gran Avenida y de ahí para allá era como tierra de nadie. Estábamos medio aislados y ese aislamiento provocó una especie de ghetto de gustos musicales. Y cuando íbamos a Providencia las cosas eran como Genesis. Era fome.

De Gran Avenida viene una serie de DJs  famosos de Santiago, de esa época. De ahí vienen Los Prisioneros. Es muy probable que Los Prisioneros no se hayan formado por generación espontánea. Había una onda ya.

Jorge González

Existe un DJ que tuvo gran influencia en poner la música de Adam and the Ants, The Stranglers, Devo, The Specials y otros en las fiestas de San Miguel: Rodrigo Beltrán. Al parecer él tenía unas lucas de vez en cuando que una tía le daba y peregrinaba a la disquería Circus a comprar buena música.

Pero por otro lado vi pasar más de una vez por la puerta de mi casa a algún loquillo con “Stray Cats” escrito en la mochila o alguna señorita con el pelo tipo Duran Duran, largos cuatro años antes de que el resto de Santiago se diera cuenta de la existencia de esta música. Incluso hubo una banda new wave española muy popular en esas calles llamada Tequila, que aún nadie conoce fuera de la comuna.

Por mi lado, por ejemplo, me hice fan de Depeche Mode al grabar en cassette su primer single desde la radio, en un programa llamado “El pop británico”, conducido por el español Juan Peirano. Recuerdo haber conocido en ese espacio canciones como “Ghost town” de The Specials o ” Sex dwarf” de Soft Cell.

La movida era new wave: corbata delgada, ritmos precisos, mucho de glam y electrónica kraftwerkiana. Devo eran monarcas absolutos. El único otro centro de “modernillos” que conocí en esos tiempos fue Conce.

Iván Molina

En Conce había gente que tenía cosas, como el Yogui, el vocalista de los Emociones Clandestinas, que era casi como el cabecilla del cuento. Él tenía una discoteca bien grande y muchos cassettes copiados. Era parte de un grupo de amigos donde todos eran melómanos y compartían. Igual era un grupo de gente bien reducido.

Mauricio Melo

Lo más importante que pasó en Concepción fue la cantidad de música inglesa que llegó durante los 80, cuando nadie tenía muchas noticias sobre lo que estaba pasando afuera en ese tiempo. Así partí yo, me acuerdo que escuchando grupos new wave por el ‘81 o el ‘82, en un programa de radio de la universidad que se llamaba “La ampolleta encendida”. El programa se acabó cuando en 1984 se les ocurrió llevar a Los Prisioneros y el rector dijo que en la radio no podía aparecer alguien que se llamara así

Ponce, David. “Las nuevas voces del rock” Wikén: p. 13, viernes 17 de marzo de 1995.